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4 - Aconcagua, un largo camino de humildad

- La pendiente por el valle de Los Horcones (ruta normal)

Perdidos en sus pensamientos, siguen el Río Horcones por varios kilómetros. Los primeros pasaron sin mismo mirarlo. Los últimos sintieron la presencia de su masa y se paran para comtemplarlo una última vez.
El monstruo parece aplastarles con la inmensidad de su vertiente Sur y reírse de su fracaso. ¿Habrían podido vencerlo sin este viento? ¿No había otras soluciones que esta bajada precipitada? ¿Habrían podido quedarse un día más, una noche más hasta que esta tormenta parara?
A pesar de su amargura, todos saben que había solamente una decisión que tomar. Uno de ellos sin embargo, víctima de su inexperiencia y su inconsciencia, la cara quemada , estriada de cortezas, los labios estallados, los ojos purulentos es quizás el único que vive los 36 kilómetros de bajada como un alivio.
En el fondo de sí mismo, en los momentos de lucidez que le dejan los accesos de fiebre, mide la distancia que separa la propia pretensión de la humildad que impone esta montaña.
Entonces observa ante él, estos guías (1), pequeños puntos en medio de esta inmensidad de piedras. No puede evitar admirarlos, ellos que van a rehacer 5 veces durante la temporada este esfuerzo que le pareció a él, tan inhumano. Ellos que ya vencieron decenas de veces esta montaña. Ellos que no se compadecen nunca y que se ocupan de todo, " estos conquistadores de lo inútil..." ( fin de la historia de una expedición entre tantas otras)

(1) Por Adrian, Matias, por los 2 Diegos, por Cedric...
Por Catherine, Tony, Kevin y José

- artículo corregido por Macarena Pérez Correa

3 - Aconcagua, un largo camino de humildad

- campamento 2 (5600msnm) y campo 3 (6000msnm llamado "Cólera") - variante de la ruta de los Polacos

Los días pasaron : ya no saben muy hace cuánto partieron. Llegaron al campamento 2 la noche anterior, en una tormenta de nieve. Uno de los guías se adelantó para armar de urgencia una carpa para que puedan refugiarse rápidamente. Esta vez, tuvieron miedo. Extenuados, la cara pinchada por el fino granizo , la punta de los dedos ya doloridos, limpiaron su máscara cubierta con nieve, vacilando de cansancio, y buscaron la carpa unos minutos que les parecieron una eternidad. Ya se veían congelados. Cuando el guía aparecíó a algunos metros ellos supieron que podrían poner fin a esta pesadilla. Todos agazapados unos contra otros, tardaron varias horas antes de sentir de nuevo la sangre circular en la punta de los dedos. La montaña había tomado otra dimensión, que ningún de ellos con su escasa experiencia conocía.A la mañana siguiente, el cielo esta límpido y pueden ver el Glaciar de los Polacos sobre ellos. Saben que no pueden retroceder más. No hay otra alternativa que quedarse en la carpa para reanudar fuerzas o seguir subiendo. Eligen reanudar la progresión, sin respetar el día de descanso, a pesar de sus músculos tetanizados, a pesar de su estado de cansancio, a pesar de la carga de 20 kilos que tienen que llevar. Algunos ya comienzan a contar los días que los separan de una cama y de una ducha. Al campamento 3, alrededor de los 6000msnm , esperan un día, luego un segundo a que las ráfagas de viento congelado que se suceden a cada minuto paren para que puedan intentar la ascensión a la cumbre. Pero la montaña decide lo contrario. El viento redobla de violencia en la noche que sigue, transformándolos en marionetas desarticuladas en el interior de sus carpas que ya no pueden albergarlos. Entonces los guías toman la única decisión que es necesario tomar: descender... (continuará)

- artículo corregido por Macarena Pérez Correa

2 - Aconcagua, un largo camino de humildad

- Campo base ( Plaza Argentina 4200msnm) y campamento 1 (4900m) - Vertiente Est

Al cabo de 3 días de marcha y 2 noches de sueño aleatorio, alcanzan el campo de base. Los menos preparados, los que están acostumbrados a los verdes pastos alpinos o los turistas abandonan. Los que se quedan, sienten en sus músculos los 2000 metros ya subidos. Piensan haber realizado lo más duro pero los días que vienen lo serán aún más. No lo saben aún...
Un circo glaciar, casi lunar les rodea. La sombra del Aconcagua se desliza lentamente sobre el campo(*). Todos vuelven a sus carpas ya que afuera el frío de la noche no es soportable. Cada uno toma el ritmo del campamento. Van a pasar 3 días alli para descansarse y aclimatarse.
La nieve cae durante la noche. El día siguiente es un día de descanso y cada uno en el fondo de su carpa mata el tiempo que pasa, lentamente, intentando olvidar el viento que hace golpear la tela. Uno llena frenéticamente las páginas de un diario íntimo, otro evita terminar rápidamente el único libro que se llevó para no encontrarse solo con pensamientos siniestros. En este lugar donde ninguna herida se cura más, hay peor que el sufrimiento físico de los días de ascensión: existe este sentimiento de opresión, nacido de minutos que parecen horas, encerrado en esta cárcel cuya el viento y el frío son los miradores, a sentir olores cada día más nauseabundos emanados del propio cuerpo. A menos que sea los del vecino. Para evitar los síntomas del "apunamiento" (males de cabeza, náuseas, vértigos...), deben beber sin parar, beber: 3 litros al menos por día y mear en dicha proporción. Para mear, tienen que ponerse 2 y hasta 3 capas de prendas, calzarse: minutos de esfuerzo y otro tanto cuando vuelven para desvestirse.
Entonces mean en la carpa, en un frasco y van afuera para hacer caca. Lo hacen en una bolsa de plástico. Deberán transportar sus excrementos. Ningún residuo debe abandonarse en el Aconcagua: incluso aquéllos. Mucho ignoran estos detalles escatológicos antes de salir. Y por lo tanto con el paso de los días estos se vuelven una preocupación obsesiva , más difícil de soportar para los que tienen en principio una alta opinión de ellos mismos... (continuará)

- artículo corregido por Macarena Pérez Correa

1 - Aconcagua, un largo camino de humildad

- La aproxiamación por los valles de las Vacas y de los Guanacos

Eran cinco. Ninguno llegó a la cumbre. Pero este sueño quebrado fue quizá para cada uno de ellos, una victoria sobre sí mismo...
Mucho vienen a Aconcagua, fuertes de sus experiencias anteriores, algunos orgullosos de su condición física a pesar de la edad avanzada y otros con una falta de entrenamiento no reconocida. Todos están convencidos de llegar al final de la aventura. Pensaron en esto desde hace años. Las reuniones de familia o los cócteles mundanos durante los meses que preceden, son la ocasión donde ellos mencionan este proyecto, cuya la temeridad les vale a menudo la admiración de los que saben al menos que Aconcagua es una pila de piedras de 7000 metros(1), en algún sitio en medio de la Cordillera. Repiten a los auditores que fingen apasionarse , lo que leyeron en las revistas o guías. Intentando tranquilizar a sus allegados preocupados , tanto como tranquilizarse ellos mismos, repiten que esta aventura no presenta ninguna dificultad técnica y que se trata solamente de una serie de excursiones tranquilas, cada día un poco más arriba .En la noche, bajo la luz de la lámpara, releen sin embargo el artículo sobre "el apunamiento" , este mal de las montañas específico a los Andes que puede llegar hasta el edema cerebral, temiendo en silencio ser las futuros víctimas . Algunos días antes de la marcha, están impacientes por probar el equipamiento reluciente, con estampillas de "Gore Tex" o "Windstopper" que debe decuplicar sus fuerzas y en el cuál gastaron una fortuna. Hacen, deshacen cientos de veces su mochila de 80 litros, sentándose arriba para que todo entrea, contemplandola amorosamente durante horas, ya viéndose, orgullosos montañeses, sobre el "techo de las Américas". En Mendoza, 2 días antes de la marcha, el encuentro con las guías y sus futuros compañeros de expedición atenúa repentinamente una parte de su magnífica seguridad. Midiendo sus experiencias respectivas, toman conciencia que las suyas son quizá un poco justas, que la aventura en la cual se lanzaron, no es quizá segura. Que peor aún, presenta riesgos...
Después de algunas horas de marcha, ya no quedan muchos delirios de grandeza de unos y otros: se olvida el banderín previsto para el día de la cumbre, en el fondo de la mochila.

El viento de frente, seco y frío, levanta molinos de polvo, depositando los gérmenes de una laringitis en el fondo de la garganta que no dejará más, a aquellos que no entendieron la importancia de la bufanda delante de la boca... (continuará)

(1) 6962 m

- artículo corregido por Macarena Pérez Correa